Con los años noventa llega el estallido de la burbuja económica
japonesa, lo que podría influir en algunas escenas artísticas a la hora de
traducir esta crisis mediante una nueva forma de asumir el malestar social, se
produce así la introducción de la cultura gótica occidental a la escena musical
y nocturna japonesa, con toda su actitud escapista y bizarra, y en su peculiar
asimilación de este movimiento surgen las principales bandas con elementos
lolita catalogadas dentro del visual-kei,-un estilo de música donde la expresión
visual y la recreación mediante la imagen es parte imprescindible en la propia
partitura de sus composiciones- que definitivamente reinventan desde otra
óptica el concepto.
Caracterizadas por su estética teatral y rock melodramático,
bandas como Malice Mizer o Lareine mezclan el pop-rock con la actitud glam, la
tradición kabuki y los artificios góticos o barrocos, influyendo en el estilo
lolita a través de aquellos miembros que adoptaban este aspecto en sus
representaciones. Surgen con ellos las “lolitas de banda”, y el fenómeno
fangirls, con seguidoras que les siguen con fervor casi religioso, el Lolita
mimético comienza a extender el movimiento a nivel popular y ya no se conoce
sólo en los ámbitos más underground de donde provenía. Es la época en donde se
gesta una nueva versión de este estilo, el conocido como “gothic lolita”, o
“gosurori” llegando a ser tan representativo que termina por casi fagocitar al
estilo madre.
El lolita en su versión de “gothic lolita” tiene en Mana,
componente de la ya citada banda Malize Micer, uno de sus principales
embajadores, el redefine esta concepción de la vida desde su particular óptica
de oscura elegancia, y el éxito de su banda es paralelo a la popularización del
lolita en su versión más dramática. Inventa las siglas EGL y EGA -Elegant
gothic lolita y elegant gotic aristocrat- y mediante la posterior creación de
su propia marca de ropa “Moi-meme-moitie”, promueve un lolita más sugerente y
adulto a través de una imagen directamente relacionada con la estética del
neo-gótico victoriano.
De este modo comienza a gestarse lo que se conocería después
como movimiento “Gothic & Lolita”, en donde la inocencia y la dulzura se
hermana con el misterio, el delirio y las sombras del pasado para generar una
escena artística y comercial con un mismo fin: un nuevo planteamiento de vida,
una forma alternativa de posicionarse en el mundo a través de un escapismo
radical: ambos suponen la recreación de exquisitos paraísos artificiales en
donde el individuo expresa el yo de su paisaje interior mediante la adecuación
a si mismo de otro externo, pero imposible, ideal, poético, un phatos
inalcanzable al que rinde homenaje mediante todo aquello a lo que tiene acceso,
su ropa, sus gestos, su comportamiento, haciendo de su vida y puesta en escena
todo un arte.
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